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Hace mucho tiempo, existió un gran rey llamado Mudan. La gente le quería porque les entregaba maravillosos dones en forma de magia, música y vida eterna. Se casó con la mujer más bella de todo el mundo, la reina Kestra. La reina tenía una hermosa cabellera negra que brillaba cual obsidiana pulida, piel tostada como el jaspe, ojos de esmeralda y labios del color de los rubíes.
Bajo el mandato de Mudan, todo iba bien. Nunca ocurría nada malo.
Pero su malvado consejero, el hechicero Sadeel, estaba celoso de Mudan. Envidiaba su sabiduría, el amor que le profesaba el pueblo y su belleza física. Pues mientras Mudan era un reflejo de la perfección de la fénix, Sadeel era un jorobado con el atractivo de un batracio. Pero, por encima de todo, sentía celos por Kestra. El pérfido Sadeel pasaba día y noche maquinando cómo podría hacer suya a la reina…
Hasta que, un día, concibió un plan. Sabría que el rey y la reina acudían cada día al Santuario de la diosa fénix para realizar sus rezos matutinos. Lo único que debía hacer para poner su retorcido plan en marcha era llegar allí antes que ellos.
Cuando el rey se arrodilló para rezar, Sadeel empleó su magia para transformar su voz. Dijo, "¡Mudan, soy la fénix! Te pido que interrumpas lo que estás haciendo. Debes dejar de construir bellas ciudades con capiteles altos cual árboles y de usar la magia para llevar la grandeza a tu pueblo. ¡Debes acabar con sus vidas eternas!"
"Pero, ¿por qué iba a hacer eso?" El buen rey se encontraba conmocionado. Creía que la magia que había ofrecido a su gente solo había traído cosas buenas.
"Porque…", Sadeel interrumpió sus palabras, no había pensado en ese detalle. "Porque la magia que usas en tus hechizos consume mi reino. ¡Me está matando!"
"¡Oh, no!" Mudan estaba horrorizado. "Gran fénix, me has dado vida a mí y a mi gente. Detendré de inmediato el pillaje de tu magia.
Cuando Mudan se fue para contar a su gente lo que había descubierto, Sadeel soltó una risita. Sin la magia, el pueblo se acabaría volviendo en contra de Mudan. Y entonces, tanto su amor como el de Kestra recaerían en él… para desgracia de Sadeel, la gente amaba tanto a Mudan que apoyaron sus esfuerzos de reducir la magia para salvar a la fénix.
¡No podía dejarlo estar! Sadeel tuvo entonces la certeza de que la única forma de vencer a Mudan era matarlo. Para trazar un plan, Sadeel buscó en numerosos volúmenes de magia arcana y oscura. Al final, encontró lo que estaba buscando. [Faltan el resto de las páginas.]