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Siglos atrás, antes incluso de que llegara el gran dragón, una fénix ermitaña moraba en la Tierra más allá del velo. Con el fin de satisfacer su gran anhelo de compañía, creó al ser humano. El primero de los hombres fue Mudan, cuyos huesos cinceló con la roca de las montañas de Kilima, cuya carne provino de la arcilla del río Nyoka y cuyo corazón era una piedra de flujo latente.
Mudan gobernó sobre la humanidad durante un próspero y pacífico periodo de 300 años, hasta que el equilibrio del mundo se vio alterado. Unos hombres diabólicos con corazones crueles lanzaron sus retorcidos hechizos. El resultado de aquellos encantamientos se denominaba Sombra.
La Sombra se convirtió en una bestia hambrienta que devoraba todo a su paso por el mundo. Hasta que un día Mudan se enfrentó a la Sombra.
Le atravesó el corazón con una lanza, pero eso solo sirvió para provocar su risa mientras decía, "¿Crees que puedes detenerme? No eres más que un hombre y yo soy la Sombra del hombre. La oscuridad que vive en mí es la misma que dormita en ti".
Cuando Mudan examinó tu propio corazón, descubrió trazas dormidas de la Sombra dentro de la palpitante piedra de Flujo.
Mudan acudió ante el gran hechicero Sadeel y le pidió que eliminase la Sombra de su corazón.
Sadeel dijo a Mudan, "Puedo eliminar la sombra, pero vos también pereceréis, majestad. Puesto que la oscuridad que vive en la Sombra es la misma oscuridad que dormita en vos."
Mudan indicó al hechicero que debía hacer lo que fuese necesario. "Haz lo que debas. No deseo vivir mientras el mundo que me rodea muere."