Padre, Siento no haberte escrito en tanto tiempo. Empecé a sentir que era una tontería escribir cartas a los muertos. Solo he recuperado esa vieja costumbre con la edad. La inmortalidad es una idea abrumadora cuando tu mente está siempre en el pasado y junto a aquellos con los que nunca podrás reunirte. He decidido dejar de tomar los sueros. En unos pocos meses, envejeceré más allá del límite humano y me uniré a ti, al abrazo de la Fénix. En estos largos años, he instituido un gremio mercantil que se extiende por todo el imperio. Tengo una aprendiz, una joven que encierra las estrellas en sus ojos y que vino a Fortuna para triunfar, como hice yo. Tengo la intención de dejárselo todo a ella. Aún no se lo he dicho. No se lo he dicho a ninguno de ellos. La muerte es un tabú en la Ciudad de los Reyes. Aun así, no puedo evitar preguntarme a qué le temen tanto todos. Todas las buenas historias terminan algún día. Cuando los vuelva a ver, les contaré la mía. Tu Ulysia