Xandrinia soltó un suspiro que había estado conteniendo de manera inadvertida al ver que su pueblo había sido destruido por el reino de las sirenas. Las casas donde solía jugar estaban inundadas. Las paredes de alabastro de la mansión del gobernador, donde había crecido, habían quedado destruidas por las ondas mágicas del rey de las sirenas. "¡Papá!", gritó Xandrinia con impotencia mientras corría hacia las relucientes ruinas blancas. A pesar de tener solo diecisiete años y de pesar unos cincuenta kilos empapada, Xandrinia apartó con facilidad los escombros para descubrir el cuerpo maltrecho de su padre. No estaba claro si se había ahogado o si había muerto aplastado por la piedra que le había caído encima. "Ojalá te condenen a las profundidades más oscuras, Nykos", maldijo Xandrinia al rey del mar mientras caía de rodillas y lloraba.
"¡Jamás! ¡No lo haré!", exclamó Xandrinia cuando el embajador del reino marino le entregó el elixir que podía convertirla en sirena durante una noche. "No podemos aceptarte como nueva embajadora del reino terrestre a menos que asistas al Baile de las Mareas", respondió con aire de suficiencia el tritón. "Claro, que siempre podría decirle al rey Nykos que tenemos que aceptar a otra persona". Esbozó su sonrisa de lobo. Xandrinia observó el líquido nacarado mientras se arremolinaba en el frasco. Nunca se había puesto ni siquiera un vestido, y mucho menos una cola, pero no podía dejar escapar esta oportunidad. Era su única ocasión de acercarse lo suficiente al rey Nykos como para matarlo y, por fin, llevar a cabo su venganza. "De acuerdo, lo haré". Se bebió el líquido de un trago.
Xandrinia contempló fijamente el collar de caracolas doradas que el rey Nykos le había traído. Se llevó la mano al pecho, sumida en un silencio atónito. No podía creerlo. El rey le estaba confiando el poder de las mareas. "¿Por qué me das esto?" Xandrinia entreabrió los labios al hablar. "Porque… te amo". Los ojos color zafiro del rey del mar desviaron la mirada de Xandrinia. "Creo que siempre te he amado". Xandrinia recordó aquella noche de su infancia en la que casi se ahoga. El rostro del niño que la había salvado. Se dio cuenta de que reconocía esos ojos color zafiro. Los había conocido toda su vida. "Eras tú… desde el principio". Xandrinia se estremeció cuando Nykos la atrajo hacia sí y le devoró la boca con sus labios.