Tamala se siente mal por haber probado su crema de belleza en víctimas desprevenidas… er, aldeanos. Ayúdala a entregar ramos de disculpas a los aldeanos a los que les dio muestras de belleza. Claramente no hay ningún motivo oculto aquí, ¿verdad?
Jel: Si Tamala cree que unas flores bastan para que me olvide de la noche tan horrible de picores que he pasado, que se prepare.
Jel: ¡Pues esa alquimista de poca monta acaba de buscarse un enemigo! ¡Se arrepentirá de haberme dado esa crema hasta el fin de sus días!
Jel: Pero las flores son preciosas, las cosas como son, así que las pondré en mi tienda.
Jel: Toma, un regalo como muestra de mi gratitud.
Eshe: Lo considero… una recompensa aceptable.
Eshe: Aunque me sorprendió que tuvieras las agallas de acercarte a mí después de lo del otro día.
Eshe: Hmm. Bueno, dado que has tenido la decencia de disculparte en persona, supongo que puedes quedarte con esto a cambio.
Zeki: ¿Cuántas veces tengo que decírtelo, compi? ¡No hace falta disculparse por una buena broma!
Zeki: Y, si crees que las flores van a evitar que me ponga a pensar en mi venganza, lo siento, pero la llevas clara.
Zeki: La maquinación… No, así no es… ¡La maquinaria ya está en marcha!
Zeki: Toma, una propinilla por inspirarme a maquinar planes divertidos.
Tamala: ¡Muchísimas gracias! ¿Se ha quedado la gente impresionada ante mi tremenda humildad?
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